La resistencia a los antibióticos es uno de los mayores desafíos de la medicina actual, tanto humana como veterinaria. Reducir el uso innecesario de estos medicamentos en las explotaciones ganaderas se ha convertido en una prioridad sanitaria global. En este contexto, un estudio publicado recientemente ha mostrado un hallazgo interesante y prometedor: vacunar contra la fiebre Q en las granjas de vacuno lechero puede contribuir significativamente a disminuir el consumo de antibióticos en las explotaciones afectadas por esta enfermedad.
La fiebre Q es una infección causada por la bacteria Coxiella burnetii, un microorganismo presente en prácticamente todo el mundo. Se trata de una enfermedad zoonótica, es decir, que puede transmitirse de los animales a las personas, generalmente a través de la inhalación de aerosoles contaminados.
La bacteria es extraordinariamente infecciosa: basta con inhalar 15 microorganismos para que exista un 50% de probabilidad de contagio, y un único microorganismo puede infectar al 5% de la población expuesta. En los seres humanos la infección por Coxiella burnetii suele ser leve o incluso asintomática, pero entre el 2 y el 5% de los casos pueden requerir hospitalización por complicaciones graves como neumonía atípica, hepatitis o miocarditis.
En el ganado vacuno de leche, la infección por Coxiella burnetii produce:
Desde 2010 existe una vacuna registrada para ganado vacuno, caprino y ovino: COXEVAC®, indicada para la inmunización activa y reducir la excreción en los animales.
COXEVAC® es la única vacuna frente a la fiebre Q registrada en España. Se trata de una vacuna inactivada de fase I que contiene Coxiella burnetii (cepa Nine Mile). Se administra por vía subcutánea en la región del cuello, con una pauta de 4 ml en vacuno y 2 ml en ovino y caprino.
Investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Hannover realizaron un seguimiento durante tres años a 49 granjas lecheras del norte de Alemania, todas ellas con diagnóstico confirmado de fiebre Q. De estas, 36 granjas llevaban a cabo un programa de vacunación con COXEVAC® y 13 no vacunaban a sus animales con esta vacuna.
Para medir el consumo de antibióticos, se utilizó un indicador al que llamaron “frecuencia media de tratamiento” (FMT), que corresponde a la media del número de días que una vaca adulta de un rebaño recibe un antibiótico durante un periodo determinado. Para calcular la FMT se multiplicó el número de vacas tratadas por el número de ingredientes activos y por el número de días de tratamiento, y se dividió por el número de vacas adultas en ese periodo de tiempo. Los registros veterinarios obligatorios de cada granja fueron la fuente principal de datos, complementados con encuestas detalladas a los ganaderos sobre manejo, nutrición, instalaciones y sanidad del rebaño.
El resultado más destacado fue claro: al inicio del estudio, ambos grupos de granjas mostraban niveles similares de consumo de antibióticos. Sin embargo, a lo largo del tiempo los datos fueron haciéndose diferentes.
Figura: Frecuencia Media de tratamiento (FMT) por vaca y granja según los periodos de tiempo en granjas vacunadas y no vacunadas frente a fiebre Q [1].
La explicación más plausible es que la vacuna, al reducir la carga de Coxiella burnetii en el entorno de la granja, limita la propagación del patógeno entre los animales, y teniendo en cuenta no sólo los posibles efectos directos y específicos de esta infección sino también el efecto inmunosupresor de Coxiella burnetii mostrado en diferentes estudios, la vacunación mostró una asociación con una reducción de enfermedades clínicas y, en consecuencia, menos necesidad de recurrir a los antibióticos. Los propios ganaderos que optaron por la vacunación lo confirmaron: en un estudio paralelo citado por los autores, el 84% de los propietarios percibió una mejora evidente en los problemas de salud que habían motivado la decisión de vacunar.
El estudio no se limitó a analizar el efecto de la vacunación, sino que también examinó otros factores de manejo de la granja que influyeron en el consumo de antibióticos.
Uno de los hallazgos más relevantes tuvo que ver con el tipo de suelo de los establos. Las vacas alojadas en suelos de parrilla o con recubrimiento de goma mostraron una menor frecuencia de tratamientos antibióticos en comparación con las que pisaban suelo de hormigón convencional.
Contrariamente a lo esperado, se encontró que las granjas que usaban desinfección del grupo de ordeño tuvieron un incremento de uso de antibióticos. Los autores del estudio citan como posible explicación de este fenómeno la posibilidad de que las granjas con problemas de salud de la ubre podrían haber introducido la desinfección como medida de control, mientras que posiblemente las granjas con buena salud de ubre no implementan tanto esa medida.
Llamativamente, ni el tamaño del rebaño ni el nivel de producción de leche por vaca mostraron relación con el consumo de antibióticos, lo que nos muestra que la salud de los animales no depende de tamaño ni el nivel productivo de la explotación, sino fundamentalmente de las decisiones de manejo.
Huber, N.; Gundling, N.; Thurow, M.; Ligges, U.; Hoedemaker, M. Which Factors Influence the Consumption of Antibiotics in Q-Fever-Positive Dairy Farms inNorthern Germany? Animals 2024, 14, 1375. https://doi.org/10.3390/ani14091375