La mastitis bovina (o mastitis en vacas) es una inflamación de la glándula mamaria, generalmente asociada a una infección que entra por el canal del pezón. Detectarla pronto permite limitar la pérdida de leche, proteger su calidad, aliviar el dolor y decidir con mayor precisión cuándo está indicado un antimicrobiano. La observación diaria, los registros y un protocolo veterinario son más eficaces que tratar todos los casos de la misma manera.
La mastitis altera el tejido secretor y la barrera defensiva de la ubre de la vaca. Puede afectar a un solo cuarterón o a varios y su expresión depende del patógeno, la respuesta del animal, la fase de lactación y el tiempo transcurrido hasta el diagnóstico.
El RCS refleja la respuesta inflamatoria. Como referencia individual, valores iguales o superiores a 200.000 células/ml indican una probabilidad elevada de infección, aunque deben interpretarse con la historia y la tendencia de cada vaca. A medida que sube el RCS, suele caer la producción y empeoran parámetros tecnológicos de la calidad de la leche.
Los patógenos que causan la mastitis se dividen en dos grandes grupos según dónde viven y cómo llegan al pezón. Saber de qué grupo es el agente que predomina en el rebaño es lo que indica si hay que actuar sobre todo en el ordeño o en el entorno de las vacas.
Entre los agentes contagiosos destacan Staphylococcus aureus, Streptococcus agalactiae, Corynebacterium bovis y Mycoplasma spp. Su principal reservorio es la glándula infectada y pasan a otras vacas mediante manos, paños compartidos o pezoneras. Una técnica consistente para ordeñar vacas correctamente y separar o dejar para el final los animales infectados reducen la transmisión. Los principios epidemiológicos son similares a los descritos en la mastitis de pequeños rumiantes, aunque los protocolos deben adaptarse a cada especie y explotación.
Escherichia coli, Klebsiella spp y Streptococcus uberis se asocian con cama, estiércol, barro, agua y superficies contaminadas. La exposición ocurre sobre todo entre ordeños y en la preparación de ubres sucias o húmedas. Mantener una cama limpia, seca y bien ventilada, evitar salpicaduras y aplicar medidas de prevención de la mastitis bovina reduce la carga microbiana en la punta del pezón.
Detectar la mastitis a tiempo empieza con lo que se observa en cada ordeño y continúa con pruebas que permiten encontrar los casos subclínicos e identificar el patógeno responsable.
La detección empieza antes de colocar la unidad de ordeño. Conviene observar y registrar:
El CMT es una prueba rápida y semicuantitativa que compara la reacción de los cuatro cuarterones y ayuda a localizar inflamación subclínica. No identifica el microorganismo ni sustituye al cultivo. El RCS individual y del tanque permite seguir nuevas infecciones, cronicidad y respuesta del programa de control; una medición aislada debe confirmarse con la evolución y el contexto.
El cultivo de leche tomada asépticamente, preferiblemente antes de iniciar el tratamiento, es la herramienta de referencia para determinar la etiología. El antibiograma orienta la elección cuando está indicado, pero su resultado debe interpretarse junto con la gravedad, duración, antecedentes y farmacocinética. La identificación permite además diferenciar un problema contagioso de uno ambiental y actuar sobre la causa en el rebaño.
No existe una receta única para «curar» la mastitis. Las guías prácticas de tratamiento ayudan a ordenar los pasos, pero el protocolo debe clasificar la gravedad, tomar muestras, aliviar dolor e inflamación, decidir si se necesita antimicrobiano, respetar los tiempos de espera y revisar el foco de infección. La prevención siempre debe acompañar al tratamiento.
El control del dolor y la inflamación debe integrarse en el protocolo veterinario. Ketofen está indicado como apoyo antiinflamatorio, analgésico y antipirético en mamitis clínica aguda junto con terapia antimicrobiana. Marbox está indicado específicamente para mastitis aguda por cepas de E. coli sensibles al marbofloxacino durante la lactación. Al ser una fluoroquinolona, su uso autorizado debe basarse en sensibilidad y reservarse para procesos que no hayan respondido, o previsiblemente no respondan, a otras clases de antimicrobianos. La prescripción corresponde al veterinario.
Cuando está indicado, el tratamiento intramamario alcanza concentraciones elevadas en la glándula y debe administrarse con estricta asepsia. No hay un antibiótico universalmente mejor: la elección depende del cultivo, sensibilidad, patógeno, gravedad y ficha técnica. En los casos graves con afectación general puede ser necesario tratamiento sistémico y soporte intensivo. El uso empírico injustificado aumenta el riesgo de bacterias multirresistentes y puede retrasar la corrección de la causa.
El inicio del periodo seco es una oportunidad para curar determinadas infecciones existentes y prevenir otras nuevas, pero la estrategia debe ajustarse al rebaño. El secado selectivo utiliza historial de mastitis, RCS, cultivos y objetivos de calidad para identificar qué vacas necesitan antimicrobiano. Los selladores internos actúan como barrera física; tanto estos como las infusiones requieren una técnica rigurosamente aséptica.
Una rutina estable incluye guantes limpios, despunte y observación, predipping con tiempo de contacto suficiente, secado individual, colocación correcta de la unidad y sellado post ordeño. Deben evitarse el sobreordeño y las entradas de aire. La revisión periódica de la sala de ordeño, el vacío, la pulsación y el estado de las pezoneras es tan importante como la higiene, porque el daño del pezón facilita la entrada de microorganismos.
Detectar la mastitis bovina a tiempo exige observar la leche y la ubre, seguir el RCS, confirmar el patógeno cuando proceda y clasificar la gravedad antes de tratar. La higiene, una cama seca, el mantenimiento del equipo y una terapia de secado adaptada reducen nuevas infecciones y protegen producción y calidad. Ante un caso clínico o para revisar el programa de control del rebaño, se recomienda consultar al equipo técnico de Ceva Salud Animal.