La Fasciola hepatica es uno de los parásitos hepáticos más importantes en el ganado bovino y ovino. Responsable de la fasciolosis, esta enfermedad parasitaria afecta al bienestar animal, reduce la productividad de las explotaciones y ocasiona importantes pérdidas económicas debido a la disminución de la producción de leche, el retraso en el crecimiento y las lesiones hepáticas.
Su distribución está estrechamente relacionada con zonas húmedas donde puede desarrollarse su hospedador intermediario, un caracol de agua dulce. Además, los cambios en las condiciones climáticas están favoreciendo la expansión de áreas de riesgo, por lo que la prevención y el diagnóstico precoz son cada vez más importantes.
En este artículo explicamos qué es la Fasciola hepatica, cómo completa su ciclo biológico, qué daños produce en los rumiantes y qué medidas pueden ayudar a controlar la fasciolosis en la explotación.
La Fasciola hepatica, también conocida como duela del hígado, es un trematodo que parasita principalmente el hígado de los rumiantes domésticos y silvestres. Aunque puede infectar a otras especies, incluido el ser humano, los bovinos y ovinos constituyen sus principales hospedadores.
Los parásitos adultos se alojan en los conductos biliares, donde se alimentan y producen huevos que son eliminados al exterior con las heces. Para completar su ciclo biológico necesitan obligatoriamente un hospedador intermediario: un caracol de agua dulce del género Galba.
La presencia del parásito provoca lesiones hepáticas de distinta gravedad y puede comprometer tanto la salud del animal como la rentabilidad de la explotación.
La Fasciola hepatica es un parásito visible a simple vista, con un cuerpo plano y forma de hoja que puede alcanzar unos 3 cm de longitud. Es hermafrodita y posee dos ventosas que le permiten fijarse a los conductos biliares del hígado.
Su ciclo biológico comprende varias fases y requiere la participación de dos hospedadores.
Este ciclo explica por qué la enfermedad aparece con mayor frecuencia en explotaciones con pastos próximos a ríos, arroyos, charcas o terrenos encharcados.
El aumento de las temperaturas, los cambios en los regímenes de lluvia y la mayor frecuencia de episodios de inundaciones favorecen tanto la supervivencia del caracol hospedador como la dispersión de las formas infectantes del parásito.
Al mismo tiempo, la aparición de resistencias frente a determinados antiparasitarios hace que las medidas de manejo y la planificación sanitaria sean cada vez más importantes para mantener el control de la enfermedad.
Por ello, el seguimiento veterinario periódico y los programas integrados de prevención representan la estrategia más eficaz para reducir el impacto de la fasciolosis en las explotaciones de rumiantes.
Las lesiones dependen principalmente del número de metacercarias ingeridas y de la fase del ciclo en la que se encuentre el parásito.
Los mayores daños se producen durante la migración de las formas juveniles por el hígado. En bovino este proceso dura aproximadamente 10-12 semanas, mientras que en ovino suele completarse en 6-8 semanas.
Cuando los animales ingieren un elevado número de metacercarias en poco tiempo pueden aparecer cuadros agudos caracterizados por:
En esta fase las fasciolas todavía no han alcanzado su tamaño adulto, por lo que el diagnóstico puede resultar más complicado.
Es la forma más habitual en bovino y se desarrolla tras infecciones prolongadas con menor carga parasitaria.
Los principales efectos son consecuencia de dos mecanismos:
Las fasciolas adultas consumen sangre, provocando mucosas pálidas, apatía y disminución del rendimiento productivo.
El daño hepático reduce la síntesis de albúmina. Como consecuencia, aparecen edemas, especialmente en la región submandibular ("papo"), y acumulación de líquido en la cavidad abdominal.
Además de los signos clínicos, la fasciolosis crónica puede provocar:
El diagnóstico debe combinar la información clínica, epidemiológica y laboratorial.
Entre las herramientas disponibles destacan:
La elección de la técnica dependerá del momento de la infección y de los objetivos del programa sanitario de la explotación.
La prevención requiere combinar medidas de manejo con un adecuado programa de control parasitario.
Entre las principales recomendaciones destacan:
En los programas de control también puede contemplarse el uso de antiparasitarios cuando estén indicados por el veterinario responsable. En este contexto, los expertos de Ceva Rumiantes pueden asesorar sobre las estrategias más adecuadas de prevención y control, siempre bajo criterio veterinario.