Sistemas de enfriamiento: ventilación forzada

ventilación forzada

Como ya descubrimos en el artículo THI: qué es y para qué sirve, el estrés térmico tiene efectos devastadores sobre nuestras vacas y repercute gravemente en su bienestar y su productividad. Uno de los sistemas más útiles y avanzados para intentar rebajar la sensación térmica es la ventilación forzada, que vamos a estudiar en profundidad a continuación.

La renovación del aire en los recintos cerrados es crucial para el mantenimiento de las vacas en un THI que no les cause estrés térmico. Para ello se usa ventilación forzada.

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¡Hay que ayudar a nuestras vacas como sea!

Los animales, en situaciones de calor externo, mantienen su temperatura corporal estable mediante el sudor, el jadeo y la emisión de calor al aire a través de la piel, entre otros mecanismos. Todos estos procesos tienen la desafortunada consecuencia de aumentar la temperatura y la humedad del ambiente cuando están en un recinto cerrado compartido con muchos otros animales.

Para minimizar el problema y ayudar a las vacas a mantener su temperatura interna dentro de su rango normal existen múltiples técnicas de manejo, entre las que destacamos:

  • La disponibilidad de sombra para evitar la radiación directa del sol. Se recomienda que las estructuras que den sombra se encuentren a una altura máxima de 3 metros, orientadas de este a oeste con cierta inclinación para favorecer la uniformidad de la sombra durante la mayor cantidad posible de horas. El área de sombra por animal debe ser de entre 3 y 5 m2 para las vacas lecheras y de 1 m2 para los terneros.
  • El acceso a agua fresca. Además de refrescar, repone los líquidos que los animales pierden con el sudor y el jadeo, evitando así que se deshidraten.
  • La ventilación, ya sea natural o forzada, renueva el aire de las instalaciones, eliminando el exceso de humedad, y ayuda a que los animales expulsen más calor corporal por la piel.
  • La aspersión o nebulización de agua.
  • Cambiar la dieta a una que produzca menos calor y sea más energética, para compensar la reducción de la ingesta de materia seca. Además, está comprobado que las vacas comen más en las horas de menor temperatura, de madrugada y tras la puesta de sol.

ventilación forzada

En España casi todas las explotaciones de vacuno lechero cuentan con ventiladores de gran tamaño para refrescar a muchos animales a la vez. Deben estar situados a cierta distancia para evitar efectos negativos, como enfermedades respiratorias. F. D. Richards bajo licencia CC 2.0.

 

¿Duchar a las vacas?

La ventilación es el flujo de aire dentro de un espacio. En el caso de animales al aire libre o con instalaciones abiertas, el único flujo natural de aire que reciben es el viento, y en el caso de animales estabulados en instalaciones cerradas, la posición estratégica de ventanas y huecos en el techo favorece el movimiento y la renovación del aire gracias a fuerzas dinámicas y a la gravedad. Esto sucede, aunque no haya viento en el exterior, pero su influencia puede ser imprevisible.

Es entonces cuando entran en juego los ventiladores, que realizan una ventilación forzada, es decir, mueven el aire con la intensidad y dirección deseadas gracias a un motor. Deben colocarse a la distancia recomendada según el caso, y funcionar a la velocidad adecuada para ayudar a eliminar la humedad y el aire caliente y aportar aire fresco, pero sin perjudicar a los animales por desecar el ambiente en exceso o por exponerlos a corrientes de aire excesivas que ocasionen enfermedades respiratorias.

Por otra parte, el rociado de los animales con agua (duchas o nebulización) ayuda a que eliminen calor corporal, ya que el agua es capaz de asimilar mucho más calor que el aire. Sin embargo, aumenta la humedad, por lo que es necesario combinar el uso de aspersores con unos niveles apropiados de ventilación.

En una granja experimental en una zona muy calurosa se probó a duchar a las vacas 3 o 6 veces al día durante 45 minutos para intentar mantener su temperatura corporal por debajo de 39 ºC para mantener su capacidad productiva. Las duchas se realizaban en la sala de espera de ordeño, 3 veces justo antes del ordeño, y algunas vacas 3 veces más, intercaladas entre los momentos del ordeño. El estudio concluyó que, en días de calor extremo, duchar a las vacas 3 veces no era suficiente para conservar su capacidad productiva, mientras que 6 veces, sí.

La ventilación forzada y la aspersión de agua tienen límite

Por desgracia, en ocasiones estas medidas no son suficientes. En el año 2022 hemos padecido varias olas de calor, con noches tropicales que no permitían el descenso de la temperatura interna. En julio, por ejemplo, se dio en Galicia la combinación fatídica de temperatura y humedad, que supuso un enorme descenso en la producción lechera. Ganaderos de la zona reportaron temperaturas en el interior de los establos de hasta 40-41 grados, y ni los ventiladores ni las duchas fueron suficientes para refrescar a los animales.

La ventilación forzada y el rociado de los animales con agua son dos medidas que solo pueden aplicarse en condiciones de estabulación y de acceso al agua y la electricidad barato. En países o zonas con escasez de agua, o en épocas en las que la electricidad o el gas suben de precio, el coste de la ventilación forzada puede ser mayor que los ingresos procedentes de la venta de los productos, y supone que la explotación pierda rentabilidad.

Los ventiladores de muchas explotaciones en nuestro país están muy anticuados, son poco eficientes energéticamente y requieren procesos de mantenimiento estrictos, muy frecuentes y caros. Contrasta con algunas otras evoluciones tecnológicas que vemos en las granjas, como robots de ordeño, tanques de nitrógeno líquido para contener las pajuelas, etc. Es necesaria una modernización de los equipos de ventilación, especialmente teniendo en cuenta el precio creciente de la energía eléctrica.

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