Paromomicina, clave en el tratamiento de la diarrea neonatal de los terneros

Las diarreas neonatales de los terneros son procesos de gran relevancia económica y sanitaria.

Diarrea neonatal en terneros: mucha atención a los primeros síntomas

 

La diarrea neonatal de los terneros se caracteriza por la aparición aguda de heces pastosas o líquidas. Tiene lugar en un 10-35% de los terneros lactantes y da lugar a más del 50% de las bajas previas al destete. Provoca apatía, además de una pérdida progresiva del apetito y del crecimiento de los terneros; la ganancia media diaria llega a disminuir hasta en 0,03 kg. Es una enfermedad que afecta gravemente al bienestar de los terneros. 

La diarrea de los terneros puede conducir a una deshidratación suficiente como para terminar rápidamente con la vida del animal. Así, es importante detectar en los terneros la diarrea y los signos de deshidratación tan pronto como sea posible. Con este fin, es necesario revisar los animales dos veces al día: apatía, ojos hundidos, hocico seco, orejas caídas, falta de apetencia por el agua de bebida, hipertermia (o hipotermia si la diarrea no cesa) y, obviamente, heces pastosas o líquidas y el rabo sucio, son los signos de alerta que indicarán deshidratación y posible diarrea. 

Los tipos de diarrea más frecuentes en los sistemas de crianza artificial de terneros pueden tener una causa nutricional o bien infecciosa. La diarrea de origen nutricional se debe a un mal manejo o calidad del calostro o del lactoreemplazante, mientras que la infecciosa se debe principalmente a los criptosporidios, unos parásitos intestinales microscópicos (protozoos unicelulares) Cryptosporidium parvum, y a la bacteria Escherichia coli, aunque también intervienen otros agentes como Salmonella, coccidios, rotavirus o coronavirus, agentes que actúan a través de la destrucción y el desprendimiento de la mucosa intestinal, provocando así la diarrea.

No hay que olvidar que los criptosporidios pueden afectar a las personas (potencial zoonósico) y por lo tanto, constituyen un problema de salud pública.

El conocimiento de los agentes involucrados en la diarrera neonatal en los terneros puede darnos las claves para afrontarla. 

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Secuelas en la capacidad productiva del animal adulto

La diarrea neonatal del ternero es una importante causa de pérdidas económicas. Entre las pérdidas directas se incluyen:

  • Los gastos de tratamientos medicamentosos y de atención veterinaria
  • La mortalidad de los animales, supone un 40-70% del total de muertes de terneros en la etapa de cría
  • Entre las indirectas, cabe destacar:
  • El retraso en el crecimiento de los terneros.
  • La disminución de la ganancia media diaria debida a la deshidratación y a una menor absorción de los nutrientes. 
  • Tiempo dedicado a atender a los animales enfermos.
  • La pérdida de la capacidad de mejora genética por la mortalidad.

Todo esto causa, a su vez, problemas de rendimiento en el animal adulto, puesto que un animal que ha sufrido una diarrea en la etapa neonatal nunca llega a alcanzar su máximo potencial de producción. 

Una de las consecuencias más frecuentes de esta enfermedad, es que aumenta la posibilidad de que los terneros presenten signos de neumonía a raíz de la desnutrición causada por la atrofia de las vellosidades intestinales, que genera malabsorción (incapacidad para absorber los nutrientes completamente).

Asimismo, en terneras de reposición, en concreto, se han descrito consecuencias a largo plazo, como el incremento de la edad al primer parto y una disminución de la producción de leche en la primera lactación.

Según estudios realizados, cuando la afectación de la explotación por diarrea neonatal se sitúa alrededor del 50%, se estima un coste medio por animal en riesgo de unos 50 euros; el coste máximo en las explotaciones con mayor incidencia se sitúa en torno a los 230 euros por animal en riesgo.

Un buen manejo nos salvará

Entre las circunstancias que se deben evitar para prevenir la diarrea neonatal del ternero, destacan los siguientes factores que predisponen a la enfermedad:

  • El estrés por partos distócicos u otras causas.
  • Un insuficiente consumo de calostro de calidad durante las primeras horas de vida.
  • La exposición prolongada de los terneros a inclemencias climáticas, como lluvias, viento o heladas.
  • El hacinamiento de los terneros en naves y corrales.
  • La permanencia de los terneros con la madre durante periodos prolongados (se alarga el periodo de posible contagio por microorganismos).
  • La estancia de los terneros en superficies que hayan sido usadas recientemente por bovinos adultos o terneros en crianza.
  • Una insuficiente cantidad y calidad de alimento, como ocurre en el caso de lactoreemplazantes mal administrados (por razón de temperatura, frecuencia o cantidad) o de mala calidad.
  • La administración de agua sin el perfil microbiológico necesario y de baja calidad.
  • El contacto con agentes infecciosos, como en el caso de partos que tienen lugar en un medio contaminado.

Por lo tanto, las buenas prácticas de manejo e higiene que eviten estos factores predisponentes disminuirán la incidencia de esta enfermedad.

La diarrea neonatal de los terneros puede considerarse una enfermedad multifactorial ya que son numerosos los factores que pueden propiciar la infección y agravarla.

Factores predisponentes de la diarrea neonatal de los terneros. Como ocurre en muchas patologías, los microorganismos causantes actúan con más virulencia cuando las condiciones ambientales, de manejo, etc. no son las óptimas.

Vacunar, vacunar y vacunar

Además de evitar los factores predisponentes en la explotación, también será necesario vacunar a las madres con dos dosis de la vacuna, separadas por un mes, durante el último tercio de la gestación con el fin de alcanzar una inmunidad humoral, local y celular, puesto que así se generará una alta concentración de anticuerpos que pasarán a los terneros a través del calostro y se prevendrán los retrasos del desarrollo, los gastos por tratamientos, los problemas de bienestar y la mortandad.

Paromomicina, un antibiótico eficaz contra los principales agentes implicados

 

Tenemos una gran oportunidad para hacer frente a esta importante enfermedad de los terneros neonatos: la paromomicina (también llamada aminosidina). Administrada por vía oral (por ejemplo, de forma muy cómoda, con la leche que se administra al ternero) ha demostrado ser una alternativa eficaz, especialmente frente a Escherichia coli y Cryptosporidium parvum.

Esta molécula es un antibiótico aminoglucósido bactericida (que mata a las bacterias). Cuando la paromomicina se administra a los terneros por vía oral es eficaz frente a diarreas neonatales con solo administrarlo durante 5 días, y especialmente frente a las bacterias Escherichia coli y Salmonella y frente al protozoo Cryptosporidium parvum

Se trata de un antibiótico diferente ya que tiene capacidad, gracias a su mecanismo de acción para luchar frente a bacterias y protozoos.

La molécula presenta una baja tasa de absorción en el tracto digestivo, eliminándose la mayor parte por las heces. 

De acuerdo con la normativa europea, su uso está permitido en cualquiera de las especies de abasto siempre que se respeten los límites máximos de residuos marcados en carne y se apliquen los términos establecidos para su prescripción y administración bajo criterio veterinario.

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