Conoce a tus animales: ¿cómo son los “estómagos de la vaca”?

Conviene aclarar que realmente las vacas no tienen “varios estómagos”, sino un estómago compuesto. Por costumbre nos referimos a los bovinos como “poligástricos” para hacer referencia a los cuatro compartimentos de los que consta: el rumen, denominado también “panza”, el retículo o “redecilla”, el omaso conocido también como “librillo” y el abomaso o “cuajar”.

¿Para qué necesita el estómago de la vaca cuatro compartimentos?

El estómago de un cerdo o el de una persona está diseñado para un procesado rápido del alimento y solo es capaz de digerir grasas, proteínas e hidratos de carbono no estructurales. Los rumiantes, en cambio, necesitan extraer todo el contenido nutritivo de la materia vegetal, compuesta en gran medida por carbohidratos estructurales (celulosa y hemicelulosa principalmente). Para poder digerir estas moléculas tan complejas debe tener lugar un proceso mucho más elaborado en el que microorganismos fermentan el alimento y producen ácidos grasos volátiles. Por eso, a esta digestión propia de los rumiantes se le denomina digestión fermentativa, en contraposición con la digestión glandular de los animales con un estómago simple.

Anatomía de los estómagos de la vaca

Esquema de la posición de los estómagos de la vaca en el abdomen.

 

Además, los rumiantes en su proceso de adaptación han “inventado” la rumia, función de donde proviene su nombre. Vuelven a regurgitar el alimento para completar la masticación y esto requiere una especialización del estómago que veremos a continuación. Si estás pensando ¿por qué el caballo puede comer hierba sin ser rumiante? La respuesta es que el caballo también tiene una digestión fermentativa, pero en su caso la fermentación se realiza en el intestino grueso, ciego y colon, en lugar de en el estómago.

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Los estómagos de la vaca tienen un diseño perfecto para rumiar, fermentar y digerir las fibras vegetales

Los tres primeros compartimentos –retículo, rumen y omaso– se suelen denominar “pre-estómagos”, y van a ser los encargados de comenzar la digestión de los hidratos de carbono estructurales que constituyen una gran parte de la dieta de la vaca. Al abomaso lo podemos comparar con el estómago simple de los animales no rumiantes, con glándulas (estómago glandular).

  • El rumen está dividido por unos pilares que rodean al órgano en dos sacos, dorsal y ventral, cada uno de estos sacos termina caudalmente en un saco ciego. Su pared mucosa tiene muchas papilas –que varían en longitud y grosor según la dieta– para extender la superficie de absorción. Está cubierto junto con el retículo por una lámina que se adhiere al techo del abdomen, lo que ayuda a fijarlo en su posición. Hay que tener en cuenta que el saco dorsal contacta directamente con la pared abdominal izquierda y esto hace que se pueda auscultar fácilmente. También se puede palpar (desde la pared abdominal y vía rectal) y se puede introducir un trocar (ruminocentesis) para extraer el gas en los casos de timpanismo (exceso de gas debido a la fermentación). En una vaca adulta llama la atención que el rumen ocupa casi completamente la mitad izquierda del abdomen y una buena parte de la mitad derecha, es el 80% del estómago.
  • El retículo se coloca delante del rumen, justo encima del esternón. Esta posición provoca que la ingestión de objetos metálicos, un alambre, por ejemplo, ocasione la perforación del órgano. A causa de las contracciones el objeto pueda incluso llegar a afectar al pericardio –membrana que envuelve al corazón– ocasionando una retículo-pericarditis traumática, o al hígado, provocando abscesos. La mucosa del retículo forma unas características celdillas con pequeñas papilas (en este enlace puedes ver unas imágenes de la mucosa de los estómagos de la vaca).
  • El omaso se sitúa entre el rumen y el retículo y es algo aplanado. Su interior está ocupado por unas 100 laminillas de diferentes longitudes y también tiene papilas ya que la absorción de los nutrientes continúa en este pre-estómago.
  • El abomaso es la porción glandular del estómago de la vaca. Se dispone en el abdomen, a la izquierda para hacer contacto con la pared abdominal, entre el retículo y el saco ventral del rumen, aunque su posición exacta depende de las contracciones del rumen o del estado de preñez. Lo importante es saber que existen unas variaciones normales en su posición y que si van más allá se producen trastornos digestivos a causa de lo que se conoce como “desplazamiento de abomaso, que puede ser a la izquierda o a la derecha y que no es infrecuente sobre todo en vacas lecheras.

Trayecto simplificado del alimento a través de los estómagos de la vaca

En este esquema simplificado de los estómagos de la vaca las flechas blancas indican el tránsito del bolo alimenticio en la rumia. Las flechas negras indican el trayecto del alimento seleccionado por los movimientos del retículo y del rumen para proseguir hacia el intestino.

 

El alimento recién ingerido pasa al “tanque de fermentación” formado por el rumen y el retículo, donde las contracciones rumino-reticulares lo mezclan y los microorganismos lo empiezan a degradar. Se producen ácidos grasos volátiles que la vaca ya puede absorber y utilizar como fuente de energía. Parte del alimento se va separando y necesita ser masticado de nuevo o rumiado, y para ello se regurgita, gracias a la coordinación de los movimientos del estómago de la vaca con los de la pared torácica, la faringe y la laringe (se cierra la entrada de aire). Así, con una onda antiperistáltica (en dirección contraria al curso normal del alimento), el bolo alimenticio llega por el esófago de nuevo a la boca.

El material se ensaliva y se traga de nuevo, pasando nuevamente al rumen o avanzando del retículo al omaso. Las contracciones del omaso hacen que el material alimenticio sea exprimido y se absorba agua, y también ácidos grasos volátiles que no hayan sido absorbidos en el rumen, antes de seguir su curso hacia el abomaso.

Durante todo este proceso se produce gas en el rumen, que es llevado hasta el esófago también por ondas antiperistálticas y de ahí a la boca para producir el eructo.

El abomaso recibe un flujo prácticamente continuo de alimento y sus glándulas segregan enzimas principalmente para realizar la digestión proteica. Mediante movimientos, más lentos que los del rumen, retículo y omaso, va llevando su contenido hacia el intestino donde se completará la absorción de los nutrientes.

El rumen no es el protagonista en toda la vida de la vaca

En el último tercio de la gestación se produce en el feto un crecimiento enorme del abomaso, que supone al nacimiento el 50% del volumen del estómago del ternero. Esto tiene su lógica ya que este órgano va a ser el encargado de la digestión inmediata de la leche, cuyos nutrientes no requieren fermentación ruminal.

Cuando el ternero mama se produce un acto reflejo que contrae un surco que va desde el esófago hasta el omaso (surco reticular o gotera esofágica) y así la leche pasa directamente a la unión del omaso con el abomaso donde es digerida. A medida que el animal va ingiriendo una dieta vegetal, esta vía se utiliza cada vez menos y se produce el desarrollo de las otras partes del estómago, sobre todo del rumen. No obstante, los nutrientes solubles liberados en la saliva durante la masticación pasarán directamente al omaso-abomaso, evitando el rumen, durante toda la vida de la vaca.

Conforme el ternero va mostrando interés por la comida sólida (2-3 semanas tras el nacimiento) el rumen y el retículo entran en un periodo de crecimiento muy rápido. A los 2 meses su tamaño sobrepasa al del abomaso y a los tres meses son el doble de grandes que él.

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