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Dermatosis Nodular Contagiosa: prevención y manejo

Escrito por Equipo Ceva Salud Animal | Feb 23, 2026 11:33:30 AM

La Dermatosis Nodular Contagiosa, conocida internacionalmente como Lumpy Skin Disease (LSD), es una enfermedad vírica que afecta exclusivamente al ganado bovino y que está causada por un virus del género Capripoxvirus. Se trata de una patología de declaración obligatoria en numerosos países debido a su impacto sanitario, comercial y productivo. Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH), la enfermedad puede provocar importantes pérdidas económicas asociadas a la disminución de la producción láctea, pérdida de condición corporal, infertilidad temporal y restricciones comerciales.

Clínicamente, la Dermatosis Nodular Contagiosa se caracteriza por la aparición de fiebre, linfadenopatía y la formación de nódulos cutáneos firmes y bien delimitados que pueden afectar cuello, tronco, extremidades e incluso mucosas. En algunos casos, las lesiones evolucionan hacia necrosis o ulceración, favoreciendo infecciones secundarias. La gravedad puede variar desde cuadros leves hasta formas más severas que comprometen el bienestar y la productividad.

Prevención como base del control

La prevención constituye el eje central en la gestión de la Dermatosis Nodular Contagiosa. La transmisión está fuertemente asociada a insectos hematófagos como mosquitos, moscas y otros vectores mecánicos. Por ello, el control vectorial debe integrarse en el manejo rutinario de la explotación, especialmente en épocas de mayor actividad estacional.

El uso estratégico de insecticidas autorizados, tanto sobre los animales como en instalaciones, debe complementarse con medidas de manejo ambiental que reduzcan la proliferación de insectos. La eliminación de aguas estancadas, la correcta gestión del estiércol y la ventilación adecuada de naves contribuyen a disminuir la presión vectorial.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) subraya la importancia del control integrado de vectores y de la bioseguridad como pilares fundamentales en la contención de la enfermedad.

Junto al control de insectos, la bioseguridad en granja es determinante. La introducción de animales nuevos debe ir acompañada de cuarentena preventiva y observación clínica. Asimismo, es imprescindible controlar el acceso de vehículos, personal y material compartido, aplicando protocolos de limpieza y desinfección adecuados. Una vigilancia clínica diaria permite detectar precozmente fiebre, apatía o lesiones cutáneas compatibles.

Vacunación en zonas de riesgo

La vacunación representa una herramienta clave en áreas donde existe circulación viral o riesgo de introducción. Las vacunas empleadas son vacunas vivas atenuadas basadas en virus del grupo Capripoxvirus, capaces de inducir una respuesta inmunitaria sólida que reduce la gravedad clínica y la transmisión.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha evaluado la eficacia de distintas estrategias vacunales en sus opiniones científicas, destacando su papel en la reducción de la incidencia durante brotes en Europa sudoriental.

La decisión de vacunar debe alinearse con la normativa vigente y con los programas oficiales de cada país, siempre bajo supervisión veterinaria.

Actuación ante casos sospechosos o confirmados

Ante la sospecha clínica de Dermatosis Nodular Contagiosa en una explotación, la rapidez de actuación es esencial. El aislamiento inmediato del animal afectado reduce el riesgo de diseminación. Debe reforzarse el control de insectos en toda la explotación y restringirse cualquier movimiento de animales hasta confirmar el diagnóstico.

El registro detallado de los casos, la comunicación a las autoridades competentes y la trazabilidad de movimientos recientes permiten implementar medidas de contención eficaces. Estas actuaciones forman parte de los protocolos sanitarios recomendados internacionalmente.

  

Manejo clínico y tratamiento

Actualmente no existe un tratamiento antiviral específico de uso rutinario frente a la Dermatosis Nodular Contagiosa. Por ello, el abordaje terapéutico se basa en un manejo sintomático y de soporte orientado a reducir la gravedad clínica y prevenir complicaciones.

Los tratamientos sintomáticos incluyen el uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) para el control de la fiebre, la inflamación y el dolor, mejorando el estado general del animal. Cuando las lesiones cutáneas evolucionan hacia necrosis o ulceraciones, puede ser necesaria la administración de antibióticos para prevenir o tratar infecciones bacterianas secundarias, siempre bajo prescripción veterinaria y conforme a los principios de uso prudente de antimicrobianos.

El cuidado local de las heridas es igualmente fundamental. La limpieza, desinfección y protección de las lesiones favorecen la cicatrización y reducen el riesgo de complicaciones adicionales.

Desde la perspectiva del manejo, el bienestar animal desempeña un papel clave en la recuperación. Es esencial garantizar una adecuada hidratación, asegurando acceso constante a agua limpia y fresca, así como una alimentación equilibrada que cubra las necesidades energéticas durante el proceso febril. Asimismo, debe minimizarse el estrés evitando movimientos innecesarios, hacinamiento o cambios bruscos en el entorno. Un ambiente tranquilo y condiciones adecuadas de alojamiento favorecen la respuesta inmunitaria y mejoran el pronóstico.

Aunque estas medidas no eliminan el virus, sí contribuyen a reducir el impacto clínico, mejorar el confort del animal y limitar las pérdidas productivas asociadas.

Recuperación y seguimiento productivo

La evolución clínica suele ser lenta, pudiendo requerir varias semanas para la resolución de las lesiones cutáneas. Es frecuente que queden cicatrices permanentes que pueden afectar al valor comercial del animal. Tras la recuperación, resulta recomendable monitorizar parámetros productivos como la producción láctea, ganancia de peso y fertilidad, con el fin de detectar posibles secuelas.

Conclusión

La Dermatosis Nodular Contagiosa representa un desafío sanitario relevante para el sector bovino, especialmente en un contexto de creciente movilidad animal y cambios climáticos que favorecen la expansión de vectores. Sin embargo, la experiencia acumulada en distintos países demuestra que la combinación de bioseguridad estricta, control eficaz de insectos, vacunación estratégica en zonas de riesgo, manejo clínico adecuado y una respuesta rápida ante casos sospechosos permiten reducir de forma significativa su impacto.

La formación continua del personal, la coordinación con los servicios veterinarios oficiales y el seguimiento productivo tras la recuperación son elementos clave para proteger la rentabilidad y la sostenibilidad de las explotaciones. En definitiva, la gestión integral y preventiva constituye la herramienta más eficaz frente a esta enfermedad.