Los comederos de vacas: la importancia de su diseño y su manejo

Los comederos de vacas deben ser accesibles para animales, personas y maquinaria.

Las vacas estabuladas comen entre 11 y 14 veces al día, de forma que pasan en los comederos de vacas entre 3,5 y 5 horas al día. Los kg de materia seca que ingieran repercuten directamente en la producción de leche, por lo que nos interesa que coman la mayor cantidad posible de alimento. Asimismo, cuanta más materia seca ingieran, más fácil será alcanzar los requerimientos energéticos con menor porcentaje de concentrado y mayor de forraje, lo que abarata los costes de alimentación y disminuye el riesgo de problemas de acidosis crónicas y otras patologías derivadas.

El diseño y el mantenimiento de los comederos de vacas y el manejo del alimento y la rutina de alimentación permitirán maximizar la ingesta y la homogeneidad de la ración ingerida, minimizar la competitividad entre animales y reducir el riesgo de lesiones y problemas sanitarios derivados.

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A la hora de diseñar una explotación…

El área de la explotación destinada a la alimentación debe cumplir ciertos requisitos, a destacar:

  • Facilidad de acceso en todo momento del día, es decir, que el espacio no quede bloqueado en ningún momento por otras tareas a realizar dentro de la explotación.
  • Suficiente espacio o puestos para que el mayor número posible de animales pueda alimentarse a la vez. Esto evita comportamientos agresivos entre animales, y favorece que las vacas más sumisas, más abajo en la jerarquía, puedan alimentarse tanto como las más dominantes, mejorando la producción de leche total de la explotación. El proyecto de Real Decreto sobre las normas a aplicar en el ordenamiento de granjas bovinas en el que se está trabajando actualmente incluye la obligatoriedad de que el número de puestos de alimentación sea igual al número de animales, siempre que no se dé alimento ad libitum.
  • El acceso y la estancia en los comederos de vacas deben no causar estrés ni dolor. En esto influye la disposición, altura e inclinación de las barras o cornadizas, el estado de los materiales (que no haya pinchos o zonas irritantes) y la distancia al alimento, que fuerza al animal a estirarse y presionar contra las barras. Para favorecer el acceso al alimento se recomienda que el comedero esté elevado 10-15 cm respecto al suelo, pero no más ya que interesa que inclinen la cabeza hacia abajo (aumenta la producción de saliva).

comederos de vacas en granja de leche.

En algunas granjas el comedero está hundido respecto al pasillo de distribución. Esto favorece que el alimento no se disperse, pero dificulta la limpieza y, si no están a diferente altura, aumenta la distancia entre los animales y el alimento.

 

  • Facilidad de limpieza de la superficie donde se deposita el alimento. Debe ser plana, no porosa, sin recovecos, y además ser suave para no lesionar el hocico de los animales y de un material seguro para ellos y las personas. Los materiales adecuados son el acero inoxidable, el aluminio, ciertos plásticos no tóxicos, materiales cerámicos…
  • El suelo de la zona donde se encuentran los animales no debe ser resbaladizo, para favorecer la comodidad y minimizar la aparición de cojeras, caídas, etc. Se están probando suelos de alfombra de caucho, pero todavía no demuestran un beneficio significativo.
  • Disponibilidad constante de agua, que también estimula la ingesta.

Medidas concretas de manejo que mejoran la producción

Una vez que tenemos unas instalaciones adecuadas y que cumplen los requisitos establecidos, habrá que aplicar un plan de manejo y organización de la alimentación. Dejando a un lado el diseño de la ración en sí, a la hora de calcular la cantidad de alimento necesaria para el número de animales es recomendable suministrar un 3-5% más para estimular la ingesta de las vacas en lactación y aumentar la producción. Si sobra, siempre que esté en buen estado y no sea una cantidad excesiva, se puede dar a las vacas secas o a las novillas.

Como ya hemos mencionado, las vacas se alimentan hasta 14 veces al día, sobre todo en las horas diurnas, por lo que para maximizar la ingesta y minimizar la agresividad asociada a la administración, se recomienda proporcionar alimento ad libitum. Esto se puede conseguir administrando la ración diaria en una vez o, lo ideal, en dos. Los limitantes son la disponibilidad de mano de obra, y el deterioro del alimento al dejarlo durante todo el día, especialmente en los meses calurosos. Si se administra solo una vez, conviene hacerlo tras el ordeño de la tarde, para que se mantenga fresco por la noche y conserve mejor sus cualidades. Además, es necesario acercar el alimento 4-6 veces al día, ya que de lo contrario una gran parte queda fuera del alcance de los animales (hay máquinas que lo hacen automáticamente llamadas empujadores de ensilaje).

Pasillo distribuidor de comederos de vacas.

Es necesario acercar el alimento que queda extendido por el pasillo de distribución varias veces al día. De lo contrario, además del desaprovechamiento de la ración, las vacas pueden hacerse lesiones por presión al estirarse y empujar contra las barras de las cornadizas.

 

Hay que tener en cuenta las particularidades de la ración en relación con la temperatura ambiente. Por ejemplo, el ensilado de maíz es más inestable a altas temperaturas, por lo que interesará administrarlo repartido en más veces al día para prevenir que se estropee, o sencillamente evitarlo en los meses de calor. En general, con el calor y el tiempo en el comedero empeoran la palatabilidad y el olor, y aumenta el riesgo de crecimiento de microorganismos, especialmente hongos.

Asimismo, para evitar la proliferación de microorganismos patógenos es muy importante retirar todos los restos de materia orgánica de los comederos y no mezclarlos con la nueva ración, además de vaciar y limpiar el carro mezclador y que no queden restos de un día para otro.

Para facilitar el manejo en el ordeño se recomienda no añadir alimento nuevo justo antes de la hora del ordeño, y sí justo después. Así, cuando vuelvan al recinto tendrán más hambre y se dirigirán a los comederos, en lugar de tumbarse en el suelo a descansar. Esto es muy beneficioso desde el punto de vista de la salud de la ubre, ya que tras el ordeño los pezones están aún abiertos y es un momento clave para el riesgo de mastitis.

Por último, si las instalaciones y el tamaño de la explotación lo permiten, es idóneo separar las vacas adultas de las novillas, ya que sus necesidades nutricionales son distintas y sus hábitos alimenticios también: las novillas pasan más tiempo en el comedero e ingieren menos cantidad, y al ocupar los comederos impiden que las vacas adultas accedan a ellos, disminuyendo su producción y aumentando la competencia y la agresividad. Separadas no hay competencia y se mejoran las producciones de ambos grupos.

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